El Pan en la Ofrenda de Muertos

Un alimento que en la ofrenda de muertos no falta es el pan y que para esta ocasión el ingenio de los panaderos crea el pan de muerto cuya figura señala la forma humana. Las familias desde la condición más humilde hasta la más encumbrada compran su arroba de harina para preparar un amasijo para este festejo tradicional acompañándose de materiales como azúcar, manteca, huevos; y levadura que adquieren con las personas que durante el año se dedican a la elaboración del pan; porque el pan no debe faltar como ofrenda en el altar de muertos. El barrio de Chilapa y de las calaveras son espacios cuyos habitantes se han dedicado a la elaboración de este alimento y cruzar sus calles es recordar los versos de López Velarde: “En las calles como espejo se vacía, el santo olor de la panadería”.

Putla Villa de Guerrero guarda en su historia los nombres de las familias que se han dedicado al oficio de panaderos como: la tía Clemencia y la tía Trini que bajaban al mercado con sus canastos de cemitas así como la familia Hoyos, Hernández, Daza, entre otras. En el barrio de las calaveras se guarda el recuerdo de la familia Lucero: Don Manuel Lucero, Doña Rufina, Doña Zenaida, Don Maximino y Doña Marina Mendoza cuyos descendientes siguen conservando ese tradicional oficio de manera artesanal entre ellos, Don Miguel Terrones, Isidro Terrones y Lupita Lucero Mendoza, esta ultima que ha permanecido fiel a la elaboración del pan Putleco entrar a su casa es toparse con la batea de levadura que espera la harina, la manteca y los huevos para convertirse en bollos que los pasaran en la balanza para dar el peso en libras y que surgirán formas caprichosas para ser colocados en las latas extendidas e introducirlas al horno de material de la región que se le ha puesto fuego para cocer con el calor las piezas de pan; que con una manera original y maestría, el horneador colocará en el piso del horno con una pala de madera y nunca se le quemaran ni se le caerá ninguna pieza  que después sacará y colocará en los anaqueles para ser surtidas las bateas que se expenderán en el mercado; bajo diversas formas; la copetona, la llorona, la hojaldra, el capricho, la empanada, la regañada, la tostada, el panqué, los besos de novia, el pan francés, el resobado, la pitaya, entre otras.

De niño recuerdo que al pasar por la calle Colima había un gran letrero que decía: Panadería mexicana con una ilustración de un músico tocando un violín y de cuyas notas salía la estrofa siguiente:

Amigo todo el que pase esta calle

Ha de bailar el can can;

Busque la nuevecita

Para tomar chocolate con pan.

La relación del pan con nuestros recuerdos  nos lleva a sentir en el presente el bonito pasado en nuestros juegos infantiles de:

-Hay pan divino (decía el niño que compraba)

-En la casa de aquel vecino (contestaba el vendedor)

Así como los recuerdos nos llevan a los cantos de la abuela:

Riqui, riqui ran

los maderos de San Juan

piden pan y no les dan.

Rondas que son evocaciones del contacto que tenemos con el pan de nuestra niñez hasta la muerte que nos lo colocan como ofrenda en el fascinante mundo de la incógnita.

  1. En un viaje por oaxaca y pasando por Putla disfrute los ricos panes de la Señora Lupita Lucero realmente frescos y deliciosos por lo que compre una gran bolsa para disfrutar en el camino y traer a el D.F. Sus panes tienen algo que hacen que duren por varios días y que no sucede con el pan del D.F. Los recomiendo ampliamente y la señota tan amable me conto la historia de su panaderia y me invito a pasar para explicarme sobre su elaboración. Si pasan por ahí no olviden comprar y sobre todo son baratisimos.

Dejar una respuesta